el mundo se transforma a una velocidad desbordante. adaptarse es un desafío para la capacidad de procesar respuestas, aportar valor y vivir conscientemente.
si aspiramos a modificar cómo afrontamos la complejidad, será necesario:
liberar el potencial y fomentar la autonomía de nuestra gente para asegurar que los equipos y el ecosistema estén preparados para asumir el reto.
desactivar el foco automático y actualizar la manera en que pensamos, operamos, nos relacionamos y (nos) comunicamos.
darnos cuenta de que está despertando una conciencia colectiva que reconoce nuestra interdependencia con el entorno natural, con nosotros mismos, con los demás y con los lugares que habitamos, y que este cambio exige una nueva forma de organizarnos en la que cada persona y cada organización contribuya, desde su ámbito, al conjunto, guiada por un objetivo superior: prosperar fortaleciendo los sistemas que sostienen la vida.
si el propósito es alcanzar esta presencia y conciencia plenas, será necesario:
eliminar todas las distracciones.
aparcar las rutinas habituales de la vida personal, familiar y profesional.
invertir tiempo de calidad con las personas adecuadas, en el momento justo y en el lugar (remoto) conveniente.


